La lucha contra esta verdadera lacra social es responsabilidad de todos. Es necesario actuar de forma decidida y proactiva, no sólo para evitar que se produzca la violencia sino también apoyando a quien lo está sufriendo, ayudándola a “superar el miedo, el aislamiento, la vergüenza o el sentimiento de culpabilidad que puede provocar la violencia vivida, asegurándole que no es su culpa.
Debemos situarnos siempre junto a la víctima
Declaración institucional con motivo del 25 de noviembre de 2023 Día Internacional para la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres
Hoy, 25 de noviembre, Día internacional para la eliminación de la violencia hacia las mujeres, afirmamos bien alto y claro que la lucha contra las violencias machistas es una lucha colectiva que necesita de toda la sociedad. Porque las violencias machistas no son un hecho aislado ni privado. Porque las violencias machistas son el principal problema de seguridad pública que tiene el país. Porque no son un problema de las mujeres. Son un problema de toda la sociedad.
En las últimas décadas hemos vivido en nuestro país un profundo cambio en el rechazo social a esta violencia estructural contra las mujeres. Para llegar hasta aquí ha sido necesario poner nombre a las diferentes formas que adopta y señalar todos los ámbitos en los que se produce. También ha sido fundamental que tanto las mujeres como los hombres aprendiéramos a identificar los hechos que constituyen violencia machista y, de forma primordial, a responsabilizar a los agresores en lugar de culpabilizar a las mujeres que la sufren por lo que han hecho o no han hecho.
Este cambio no se ha producido porqué sí. Ha sido fruto de una intensa lucha feminista que viene de lejos, en el ámbito social y comunitario, en el ámbito laboral, en el ámbito cultural o en el ámbito deportivo, y que también ha ganado un espacio central en las instituciones políticas y las administraciones públicas. Se destinan más recursos que nunca para los servicios especializados de atención y recuperación de las mujeres y de sus hijas e hijos.
Por eso es inevitable que se nos agoten las palabras de condena y que nos preguntemos con dolor: “¿por qué no se detienen las violencias contra las mujeres?”, “¿por qué no se acaban los feminicidios?”, o “por qué no dejan de aumentar las denuncias?”.
Tomemos conciencia de que con el aumento del rechazo social y la firmeza de la respuesta institucional no es suficiente. No afrontamos un sprint sino una carrera de fondo. Tenemos todavía muy normalizadas actitudes y comportamientos machistas de desprecio, ridiculización, control o dominación hacia las mujeres y sus cuerpos. Y con demasiada frecuencia todavía cuesta desprenderse de los estereotipos sobre las víctimas y sobre los agresores, de las dudas sobre la intención de la víctima o superviviente que denuncia la situación de violencia y de la complicidad o compañerismo con el agresor.
Este verano todo el mundo ha podido ver cómo un hecho ocurrido ante las cámaras y difundido en todo el mundo no era suficiente para obtener en un primer momento una reparación ágil a la violencia vivida. Todo el mundo ha podido ver igualmente que, para que esto ocurriera, ha sido necesario todo un clamor social de indignación ante la falta de diligencia de quien tenía la responsabilidad de actuar, de aquellos que aplaudieron unas excusas injustificables, de los que presionaron o cuestionar la reacción de la víctima y de quienes fueron blandos en sus comunicados o callaron demasiados días. Todo el mundo ha podido ver igualmente que, con el clamor «#Se ha Acabado», las jugadoras de fútbol no denunciaban sólo estos hechos, sino que ponían el foco en un conjunto de desigualdades que hay que dirigir para garantizar la no repetición y para hacer efectiva la igualdad.
Éste es el paso que necesitamos dar todas y todos cada día para acabar con las violencias machistas. El silencio y la inacción no son respuestas neutrales, sino que apoyan al agresor, la impunidad y la reproducción de las violencias. Es necesario romper todos los silencios y tener un papel proactivo en la prevención y la detección. Todas y todos somos observadoras y observadores de unas violencias que sufren muchas mujeres de nuestro entorno (familiar, de amistades, laboral, educativo, grupos de redes sociales, espacios de ocio, en el transporte público o en la calle) por parte de hombres de nuestro mismo entorno.
Todas y todos podemos evitar que se produzca la violencia interviniendo y denunciando comportamientos agresivos, discriminaciones y desigualdades. Podemos contribuir a establecer estándares sobre qué es aceptable y qué no lo es en nuestro entorno, podemos ayudar a reconocer comentarios o comportamientos intolerables, incluyendo aquellos discursos negacionistas de las violencias machistas, y empujar así a superar las normas culturales patriarcales de la nuestra sociedad.
Podemos llamar la atención sobre la situación de violencia para que se detenga y exigir a nuestro centro de trabajo, asociación o espacio de ocio que aplique adecuadamente el protocolo que está obligado a tener.
Asimismo, todas y todos tenemos también un papel primordial en la respuesta inmediata después de la violencia. Como amiga o amigo, familiar, compañero o compañera de trabajo, vecino o vecina, podemos ayudar a quien lo está sufriendo a identificar los indicios de la violencia sufrida o de los factores de riesgo por su vida. Es especialmente importante darle apoyo emocional, ayudarle a superar el miedo, el aislamiento, la vergüenza o el sentimiento de culpabilidad que puede provocar la violencia vivida, asegurándole que no es culpa suya, que estamos a su lado y que la podemos acompañar a los servicios especializados que se encuentran en todo el país o llamar al teléfono 900 900 120.
Las instituciones políticas del país -Generalitat de Catalunya, administraciones locales y entidades municipalistas- nos comprometemos a dedicar todos los esfuerzos y recursos necesarios para garantizar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencias machistas. Sabemos que hemos trabajado mucho, pero todavía tenemos que hacerlo mucho más: con la diligencia debida, con una respuesta integral y con políticas públicas transformadoras y valientes.
Pero, para erradicar las violencias machistas, es imprescindible la implicación de todos. Cada uno y cada uno de nosotros podemos ser agentes de cambio. Levantamos todas las alfombras, rompemos todos los silencios y tengamos todas las alertas activadas para prevenir, detectar y reparar las violencias contra las mujeres. Tomemos partido para detener de una vez por todas la principal vulneración de los derechos humanos de las mujeres y para acabar con su último responsable: el patriarcado y la ideología machista que lo sustenta.
Prats Advocats, siempre al lado de las víctimas




